miércoles, diciembre 14, 2005

EL FUTURO

Quisiera reflejar en pocas palabras la sensación de vacío que me ha invadido al ver la foto del periódico y especialmente, al leer su contenido. La foto no, en realidad es una foto preciosa, aunque en realidad la vi cuando ya había leído el alucinante drama de los osos polares. Se les avista nadando en mar abierto, una vez reducidos a la nada las placas de hielo donde permanecen, sin remedio, cuando se separan de la tierra firme, del hielo firme.

Es impresionante, verdad? Parece feliz como un mono en su selva, como un gato con su presa (ora un rollo de hilo, ora una bolsa de plástico).

Es para pensar un momento si no es mejor poder renunciar a según qué caprichos y buscar un mínimo cobijo moral: ya sé que en Kioto se habló y ahora otra vez y ya está en boca de todos... para qué, si el ahorro de miles de anónimos seres humanos en su vida cotidiana se va al cuerno cuando un simple autobús (público, miserable) nos llena de gases de escape la atmósfera y no hablemos de los desastres naturales de los que apenas nos ocupamos.

Leo que las viviendas en España consumen una montaña de energía. Claro. Y por no hablar de la energía financiera, que conlleva la energía vital de sus afortunados? propietarios. Pero la energía, la de toda la vida, es la que hunde en el océano a criaturas como ésta, feroz, solitaria... o tierna con sus pequeños, oseznos ellos, de algodón como Platero. Como mis gatos.

Esto me lleva a hablar de invasiones urbanísticas, que no contribuyen significativamente al cambio climático. Y de gatos. Uno más atropellado, ya son 13, como ayer que era martes y 13, día de desgracias, como todos hoy en día. Hablo de gatos, de linces ibéricos, ya ves. Les hemos cazado, atropellado, invadido, les hemos liquidado su sustento y ya sé que hay problemas peores. En este caso me felicito de las buenas intenciones de organismos oficiales y ONG, luchando para que este enternecedor e indomesticable bigotudo no se vaya para siempre de este mundo.
Lo reconozco y ya lo he dicho muchas veces, los felinos tienen casi todo aquello que admiro. Y no me gustaría encontrarme con uno de éstos en el campo, menos aún si está cabreado.

Si con un ibérico me he de encontrar, que sea jamón, por favor.

A los animales maltratados.


martes, diciembre 13, 2005

GIU', GIU'

Hubo tiempo atrás unos instantes de incontenible alegría y pensé que por fin sería feliz. Más duro fue despertarme de ese sueño y ver el gris del cielo que me ahogaba otra vez, una vez más. Cuanto más se sube, desde más alto se cae. Por qué. No pongo la interrogación, porque ya no lo pregunto.

Esta vida a veces es así. Decide manejarnos a su antojo incomprensible. Mi amigo G. me decía que son los problemas de todos, que no soy sólo yo. Y tiene razón, pero yo ya lo sabía. Sé que no soy especial y nunca he pretendido serlo. Para lo bueno y para lo malo, sé que mis acciones son sistemática y contemporáneamente repetidas por tantas personas en el mundo que les elimina a aquéllas cualquier atisbo de exclusividad o brillo. No es esto lo que cuenta, sino que en el pequeño mundo en el que vivo esas mismas acciones pudieran tener un efecto positivo, primero sobre mí, luego sobre el que está al lado y quizá llegue un poco más allá.

Porque la influencia de los individuos sobre la comunidad es muy escasa a nivel particular: son las masas las que cuentan. Es una evidencia, pero muchas veces la olvidamos; ser conscientes de nuestro peso específico real ayuda a aplacar las alegrías excesivas y a digerir con calma las más duras penas. Las penas de los problemas cotidianos, quiero decir. Que otras...

Así me consuelo un poco de este dolor que siento. Casi cuarenta tengo y no debería estar al albur de mareas semejantes sino jugando con la chavalería, enseñando tablas de multiplicar y... basta de soñar.

Volvamos a trabajar... como ayer, como antesdeayer, como mañana?

lunes, diciembre 05, 2005

EN LA MEMORIA... (A Javier)

No hay muchas palabras que decir. El viernes por la mañana Javi decidió descansar, después de tantos meses de lucha intensa, cotidiana, injusta, contra una enfermedad cruel que decidió jugar a dios y determinar su destino.

No tengo muchas palabras para expresar mis sentimientos, ni se trata de inundar de bonitas palabras y reflejos imaginarios paradisíacos una glosa a lo que fue.

A lo que es. Porque sólo puedo decir de él que era (y es) una de las mejores personas que conocí, de las que aprendes cada vez, de las que te alegran la existencia, de las que te ayudan a querer ser mejor persona y además a conseguirlo. Así era Javier. Así es, porque siempre permanecerá en nuestros corazones, por su recuerdo imborrable y por la grandeza de su legado. Estuviste poco por aquí, querido amigo, pero tu huella no se borrará.

Un recuerdo muy afectuoso a su encantadora familia, son cariño puro. A sus padres Ana y Goyo y a su hermana Ana Belén (no voy a olvidar su saludo, aquel tristísimo día). No es necesario escribir mucho más. Prefiero observar el resto de la vida. Como nos observará Javier desde el cielo. Desde el cielo de las personas buenas.

Para siempre.

jueves, diciembre 01, 2005

LA NECESARIA GUARNICIÓN

No, no voy a hablar de gastronomía. Aunque no te extrañe, uno de estos días empezaré a hacerlo, porque realmente disfruto cocinando y lo confieso, no soporto que haya más gente en la cocina mientras lo hago. Esto es probablemente un síntoma de inseguridad.

Tampoco he recabado muchos éxitos como chef. A veces sorprendo un poco a B., pero no lo suficiente como para enamorarla por el estómago, como suele decirse. A veces quedé bien, a veces todo lo contrario. Como cualquiera. Pero eso sí, a veces me lo pide el cuerpo y la imaginación me lleva. A veces he recibido parabienes y felicitaciones en la mesa y es una satisfacción inenarrable ver como se trasiega vino entre bocado y bocado de viandas preparadas por mí.

En fin. No iba a hablar de esto pero sobre la marcha veo que se me acaba el tiempo que me autoasigno para obligarme a descargar sentimientos en este blog. De hecho perdí la idea que motivaba el título.

Tengo que irme. Ciao.