GIU', GIU'
Hubo tiempo atrás unos instantes de incontenible alegría y pensé que por fin sería feliz. Más duro fue despertarme de ese sueño y ver el gris del cielo que me ahogaba otra vez, una vez más. Cuanto más se sube, desde más alto se cae. Por qué. No pongo la interrogación, porque ya no lo pregunto.
Esta vida a veces es así. Decide manejarnos a su antojo incomprensible. Mi amigo G. me decía que son los problemas de todos, que no soy sólo yo. Y tiene razón, pero yo ya lo sabía. Sé que no soy especial y nunca he pretendido serlo. Para lo bueno y para lo malo, sé que mis acciones son sistemática y contemporáneamente repetidas por tantas personas en el mundo que les elimina a aquéllas cualquier atisbo de exclusividad o brillo. No es esto lo que cuenta, sino que en el pequeño mundo en el que vivo esas mismas acciones pudieran tener un efecto positivo, primero sobre mí, luego sobre el que está al lado y quizá llegue un poco más allá.
Porque la influencia de los individuos sobre la comunidad es muy escasa a nivel particular: son las masas las que cuentan. Es una evidencia, pero muchas veces la olvidamos; ser conscientes de nuestro peso específico real ayuda a aplacar las alegrías excesivas y a digerir con calma las más duras penas. Las penas de los problemas cotidianos, quiero decir. Que otras...
Así me consuelo un poco de este dolor que siento. Casi cuarenta tengo y no debería estar al albur de mareas semejantes sino jugando con la chavalería, enseñando tablas de multiplicar y... basta de soñar.
Volvamos a trabajar... como ayer, como antesdeayer, como mañana?

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