LA BARBARIE INFINITA
Hoy de nuevo encuentro los horrores de la vida, de este mundo nuestro, en un día soleado de otoño. De nuevo me olvido de problemas personales y egoístamente dedico unos segundos más a meditar sobre el horror que nos acompaña, la barbarie infinita.
En la radio, en el coche, escucho el testimonio de una mujer maltratada: hay miles de mujeres, de personas maltratadas. En este caso tuvo que huir con lo puesto, después de años de matrimonio con un hijoputa con dinero. Entiendo y admiro su valentía. Ahora la justicia española, miserable tantas y tantas veces, le niega una compensación económica por haber sido ya mantenida por su ex durante largo tiempo. Con 46 años.
En internet, en la oficina, leo que en breve plazo se mostrará un reportaje con una ablación en directo. Los periodistas en este caso buscan el interés informativo pero no existe un fin de concienciación social: emitido el reportaje, se mirará el share y no habrá más comentario al respecto. Es la audiencia lo que importa. Pero miles de niñas son salvajemente mutiladas cada año en el mundo.
En todos los medios de información, en todos los lugares en los que estoy, se presentan a diario esas personas que han elegido como profesión servir a la sociedad, una vida dura y una vocación de servicio. ¿Lo adivinaron? Efectivamente, hablo de los políticos. Miserables. Miserables! Me inundan con esos talantes y esas buenas intenciones, soy rojo!, soy feminista!, defiendo los derechos humanos!, defiendo esto, defiendo lo otro!
No es ya el problema que sea un cantamañanas, falso, mentiroso y ruin como los demás, que apenas conozco a nadie que se salve de esa llamada clase política. Esa falta de humanidad y de sensibilidad me ofende tan profundamente...
Yo tampoco hago nada. Lo que ocurre es que yo no vendo la idea de dar mi vida por los demás, que no la doy. Ni por vocación ni por discurso ni argumentando excusas hipotecarias o familiareso cualquier otra de tipo personal.
Efectivamente el mundo está montado así. Pero que no me vendan basura. Que no me vendan justicia e igualdad, que no me vendan solidaridad. Estoy cansado de que nos engañen, de que unos pocos decidan el destino de todos, decidan que nadie moverá un dedo pero a esa niña africana la mutilan y millones se mueren de hambre. Dios! Dónde estás, joder? No existes!
